Treinta y nueve
Quedábamos habitualmente en bares y tascas de mala muerte donde beber sin tener que dar explicaciones a nadie. Frank era un gran tío. A veces podíamos pasar horas sin hablar, cada uno con su vaso. Sorbo a sorbo. Sí, eso era lo mas habitual. Frank me gustaba porque sabía cuando hablar y cuando no hacerlo. La mayoría de gente sabe hablar, y no paran de hacerlo. Se creen que por saber hablar, tienen la obligación de estar haciéndolo cada minuto. Me revienta.Me gustaba sentarme en la esquina de algun bar y observar lo que hacia el resto. Me solía sentar donde las luces no fueran muy intensas, me molestaban. En algunos momentos de delirio incluso llegaba a creer que podía leer los labios de aquellas personas. Jugaba a adivinar sus conversaciones. Podía quedarme así durante horas. A partir de ahí creaba su persona, con su vida y sus manías. Llegué a tener una bonita colección de personas. Una autentica paranoia mental.Durante estos días apenas vi a Ainhoa. Una pena.Ella se pasaba el día en la biblioteca ultimando los detalles de su trabajo final de carrera y yo me pasaba las horas en las barras mas sucias de toda la ciudad, envasando mis ilusiones en cubitos que se derretían. Cuando llegaba por las noches, la mayoría de veces Ainhoa ya dormía. Yo no solía meterme en la cama nada mas llegar, no podía. Me sentaba en el sofá o salía al balcón, a veces seguía bebiendo hasta el amanecer y Ainhoa me encontraba totalmente ebrio tirado en alguna estancia del piso. Eso deterioró un poco nuestra relación. Tampoco yo estaba muy enterado de ello, el estar todo el día con algo de alcohol en la sangre me hacia mantenerme alejado de problemas y pensamientos que los pudieran provocar. No significa que los problemas no existieran, tampoco es que el estar borracho me convirtiera en un gilipollas, sino que simplemente me importaban una mierda. Estaba demasiado drogado como para pensar en esas cosas.En algunas ocasiones Frank me invitó a probar algo de su mercancía. Éxtasis liquido, cristal y algo de cocaína. Nada especial. Yo dije que no y él no insistió. Comprenderéis porque me parece un buen tío.Cuando habíamos bebido lo suficiente, salíamos y nos dejábamos caer por cualquier centro comercial o zona céntrica. Era una extraña sensación. Veías a todas aquellas personas mirando escaparates, comparando precios. Compitiendo. Y tu, volando y deslizándote entre ellos. Todo era felicidad y alegría. Para mi, esta claro.Así pasaron alrededor de 2 semanas, no recuerdo exactamente cuanto. Ya no importaba el paso del tiempo. Disfrutaba de él y eso hacia que mi preocupación por aprovecharlo desapareciera. En aquella primera fase no llegué ni siquiera a cuestionarme si aquello que estaba haciendo era bueno. ¿Porque no iba a serlo?. ¿Que tenia de malo pasar las horas con Frank?. Solo, bebíamos. Sí, quizá demasiado. Sí, también conocía los daños que podía hacer el alcohol a corto, medio y largo plazo. Todos nos habíamos tragado esos panfletos que repartían los ayuntamientos y el estado en colegios e institutos. Pero eso no cambiaba nada.Quería seguir haciéndolo.A veces Ainhoa me insinuó que Frank no estaba siendo una buena influencia. Yo la comprendía, nos habíamos convertido en dos extraños que compartían cama y poco mas. Ni comíamos juntos, ni paseábamos, ni hablábamos. Todo había cambiado. Podía entender sus sentimientos, pero no conseguía ponerles remedio. Yo quería seguir haciendo lo que hacía.Era una decisión muy egoísta, pero así decidí que fuera.No se si las cosas volverían a ser como antes, no se si conseguiríamos que la relación resurgiera de nuevo de entre sus cenizas, no se si podría volver a mirarla y que mi corazón sintiera algo de nuevo. Sus ojos ya no me decían nada.- Eh, chaval, ¿quieres otra copa?. - dijo Frank. - Estas embobado.Asentí con la cabeza. Él, sí me comprendía.Era como una alma gemela.-------------------------------------Imagen por neuroosi. Looking through ice.
