Sunday, July 1, 2007

Treinta y nueve

Quedábamos habitualmente en bares y tascas de mala muerte donde beber sin tener que dar explicaciones a nadie. Frank era un gran tío. A veces podíamos pasar horas sin hablar, cada uno con su vaso. Sorbo a sorbo. Sí, eso era lo mas habitual. Frank me gustaba porque sabía cuando hablar y cuando no hacerlo. La mayoría de gente sabe hablar, y no paran de hacerlo. Se creen que por saber hablar, tienen la obligación de estar haciéndolo cada minuto. Me revienta.Me gustaba sentarme en la esquina de algun bar y observar lo que hacia el resto. Me solía sentar donde las luces no fueran muy intensas, me molestaban. En algunos momentos de delirio incluso llegaba a creer que podía leer los labios de aquellas personas. Jugaba a adivinar sus conversaciones. Podía quedarme así durante horas. A partir de ahí creaba su persona, con su vida y sus manías. Llegué a tener una bonita colección de personas. Una autentica paranoia mental.Durante estos días apenas vi a Ainhoa. Una pena.Ella se pasaba el día en la biblioteca ultimando los detalles de su trabajo final de carrera y yo me pasaba las horas en las barras mas sucias de toda la ciudad, envasando mis ilusiones en cubitos que se derretían. Cuando llegaba por las noches, la mayoría de veces Ainhoa ya dormía. Yo no solía meterme en la cama nada mas llegar, no podía. Me sentaba en el sofá o salía al balcón, a veces seguía bebiendo hasta el amanecer y Ainhoa me encontraba totalmente ebrio tirado en alguna estancia del piso. Eso deterioró un poco nuestra relación. Tampoco yo estaba muy enterado de ello, el estar todo el día con algo de alcohol en la sangre me hacia mantenerme alejado de problemas y pensamientos que los pudieran provocar. No significa que los problemas no existieran, tampoco es que el estar borracho me convirtiera en un gilipollas, sino que simplemente me importaban una mierda. Estaba demasiado drogado como para pensar en esas cosas.En algunas ocasiones Frank me invitó a probar algo de su mercancía. Éxtasis liquido, cristal y algo de cocaína. Nada especial. Yo dije que no y él no insistió. Comprenderéis porque me parece un buen tío.Cuando habíamos bebido lo suficiente, salíamos y nos dejábamos caer por cualquier centro comercial o zona céntrica. Era una extraña sensación. Veías a todas aquellas personas mirando escaparates, comparando precios. Compitiendo. Y tu, volando y deslizándote entre ellos. Todo era felicidad y alegría. Para mi, esta claro.Así pasaron alrededor de 2 semanas, no recuerdo exactamente cuanto. Ya no importaba el paso del tiempo. Disfrutaba de él y eso hacia que mi preocupación por aprovecharlo desapareciera. En aquella primera fase no llegué ni siquiera a cuestionarme si aquello que estaba haciendo era bueno. ¿Porque no iba a serlo?. ¿Que tenia de malo pasar las horas con Frank?. Solo, bebíamos. Sí, quizá demasiado. Sí, también conocía los daños que podía hacer el alcohol a corto, medio y largo plazo. Todos nos habíamos tragado esos panfletos que repartían los ayuntamientos y el estado en colegios e institutos. Pero eso no cambiaba nada.Quería seguir haciéndolo.A veces Ainhoa me insinuó que Frank no estaba siendo una buena influencia. Yo la comprendía, nos habíamos convertido en dos extraños que compartían cama y poco mas. Ni comíamos juntos, ni paseábamos, ni hablábamos. Todo había cambiado. Podía entender sus sentimientos, pero no conseguía ponerles remedio. Yo quería seguir haciendo lo que hacía.Era una decisión muy egoísta, pero así decidí que fuera.No se si las cosas volverían a ser como antes, no se si conseguiríamos que la relación resurgiera de nuevo de entre sus cenizas, no se si podría volver a mirarla y que mi corazón sintiera algo de nuevo. Sus ojos ya no me decían nada.- Eh, chaval, ¿quieres otra copa?. - dijo Frank. - Estas embobado.Asentí con la cabeza. Él, sí me comprendía.Era como una alma gemela.-------------------------------------Imagen por neuroosi. Looking through ice.

Cuarenta y dos

Después del bar, Frank me acompañó hasta el piso de Ainhoa. Me dejó en el portal y se marchó, andando. Caminaba de lado a lado. Los dos habíamos bebido lo suficiente como para no mantener el equilibrio. La cabeza no paraba de darme vueltas.Me senté en el portal. Debían de ser las 5 de la mañana, aun no había amanecido, pero las farolas comenzaban ya a apagarse. La oscuridad se iba desvaneciendo y junto a ella, mi falsa sensación de felicidad. Tenía la cabeza entre las rodillas y las manos cruzadas sobre ella. Quería que pasaran unos cuantos minutos hasta que fuera capaz de entrar mas o menos decentemente en el piso de Ainhoa. No quería que me viera como un borracho que ni se sostenía en pie.Ante ese pensamiento, me entraron ganas de escupirme y pisotearme.Yo, que durante toda mi vida critiqué a aquellas personas obsesionadas con aparentar, aquellas personas que sentían la necesidad de enmascarar lo que eran delante del resto de gente. Yo, me había convertido en una de ellas. ¿Cuando sucedió?. ¿Desde cuando me avergonzaba de como era?. A mi parecer, todo había sido tan fluido que hasta que no había llegado al fin, ni siquiera me había dado cuenta. Hubo un momento en que dejé de ser aquel chico cascarrabias pero con la mente bien clara, enfrascado en un trabajo sin futuro y con apenas un amigo con el cual casi ni me relacionaba, que mataba el tiempo visualizando la asquerosa vida de la mayoría de gente que le rodeaba. Ahora, su humilde servidor, aun había caído mas bajo que todas aquellas personas.Recordé que ese mismo día, cuando llegara la noche, había quedado con Ainhoa para hablar sobre nuestra relación. Me acobardé. Como ese niño pequeño que después de cometer la travesura se arrepiente hasta tal modo de desear que el tiempo retroceda y eso jamas hubiera sucedido. Pero esta vez no era tan fácil.Aunque existiera una máquina para realizar tal acción y se me concediera la posibilidad de volver atrás en el tiempo para arreglarlo todo. No sabría que arreglar. Todo estaba demasiado confuso. ¿Fue cuando conocí a Ainhoa?. ¿O fue cuando murió Marc?. ¿Tal vez cuando deje el trabajo y me libere de mi piso?. ¿O cuando conocí a Ana y por medio de ella a Frank?.¿Que había hecho mal?.Sí, la muerte de Marc era una de las experiencias mas dolorosas que había sufrido en mi vida, pero acaso no fue la chispa que necesitaba para revivir de entre las cenizas, acaso no fue el fuego que rodeo mis alas de ave fénix. En cierta manera, le robé su vida. Entonces, ¿como podía ser que lo hubiera echado todo a perder?. Había conseguido encontrar a una alma gemela, había dejado de ser un esclavo del estado e incluso había conocido a varias personas con las que poder tomar unas copas un martes cualquiera.¿Que había hecho mal?Quizá fui como aquellos artistas que no supieron afrontar la fama y cayeron en los mas pésimos círculos viciosos hasta convertirse en lo mas bajo de la escala humana. No estaba preparado para vivir, ni para ser feliz. Realmente, nunca debí de dejar de ser mas que una alma atormentada. No tenia actitud ni fuerza para soportar el bienestar. Por culpa de él, me encontraba ahora en esta situación.¿Como podía perder en menos de 24 horas a la persona que mas había amado en mi vida? ¿Por que? Y lo mas importante, ¿como podía arreglarlo?. Que hacer cuando ves que se va, es como si la marea nos separara y por mas que intentas nadar en contra, jamas lo consigues. Como Sísifo, condenado al sufrimiento del deseo que jamas consigues alcanzar. Una y otra vez sin resultado alguno. Siempre volviendo a comenzar en la oscuridad del averno.Estaba aterrado, sentía mas miedo que cuando en mis largas noches de insomnio veía a la muerte en la puerta de mi habitación, esperando a que me durmiera para sesgarme la vida. ¿Como pude descuidarla de aquella manera?. Era un estúpido. Ahora debía afrontar las consecuencias.No pude retener las lágrimas por mas tiempo.Era incapaz de volver en mi, estaba completamente bloqueado.Me levanté como pude y juré que lo arreglaría. Si de algo estaba convencido es que no me consentiría perderla. Era estar con ella o no estar.Simplemente.-------------------------------------Imagen por HerrTwiggs. Bent III.

Treinta y seis

Por la noche, no volví al piso de Ainhoa tal y como tenía planeado. Era incapaz de alejarme de aquella puerta. No había probado bocado desde almuerzo, pero daba igual, estaba como en un estado de trance. No paraba de imaginar situaciones, diálogos... escuchaba voces que me inducían a cruzar al puerta y otras que me intentaban convencer de lo contrario.Parece que hubieran pasado años desde que me encerré en mi buhardilla, estirado en la cama en posición fetal. Mantenía los ojos cerrados, fuertemente, para evitar tener alucinaciones con ella.Me llegaba a sentir frustrado y avergonzado de mi mismo. Como si estuviera cubierto de mierda y mugre. Muy sucio por dentro. Ainhoa no se merecía que mancillara su confianza de aquella manera. El que se lo merecía era yo. Ojala me fuera infiel con todo aquel que se cruzara en el viaje. Eso me enseñaría a ser mejor persona y saber comportarme. Me enseñaría a valorar lo que tengo, una buena reprimenda. No, ella no se lo merecía.Era hora de quitarme la idea de la cabeza. No se si ganaron mis impulsos de volver a verla o mis ganas de limpiar mi espíritu, pero la solución que encontré fue ir a su piso.Salí y piqué a su puerta. Me repeine mientras esperaba. No había motivo para no ir como un caballero.- ¡Ei! Pensaba que no vendrías ya. - Se abrió la puerta y la volví a ver. Ana. - Pasa, pasa.Crucé la puerta y entré directamente al salón.- Os presento, el del sofá es Frank. Ahora mismo esta algo ido. - A continuación me susurró a la oreja – LSD, ¿sabes?. - Asentí. - Siéntate por ahí.Me senté en un tresillo. Ella fue a la cocina. Frank estaba estirado en el sofá, verticalmente, con la cabeza en el suelo y las piernas hacia arriba, apoyadas en el respaldo.De repente, al darse cuenta de mi presencia, abrió los ojos y saltó sobresaltado, poniéndose rápidamente de pie.- Eh, eh... quien... ¿quien eres tu? - Se frotó los ojos.- Soy vecino de Ana.- ¡Ana!. ¡Se ha colado un tío en tu casa!.- No, no. Me ha invitado ella. - Me levanté y retrocedí unos pasos en dirección a la puerta. No había que fiarse nunca de un drogadicto. eran capaces de cualquier cosa.Me inspeccionó con la mirada. Se sentó de nuevo, relajado. Yo también. El peligro se había evaporado.- ¿Fumas?.- No. - Respondí.-Mejor, no tendŕe que compartir. - Echó una larga calada. Aguantó el humo y lo expulsó lentamente, dejándose engullir por el sofá.Volvió Ana con unas copas.- Bueno, ¿quieres ver los cuadros?. - Dijo Ana.- Por mi vale. - Respondí.- Acompáñame a la habitación. - Me levanté y fui tras ella. Casi rozando su precioso trasero. No. No. No. Piensa en Ainhoa. Piensa en la suciedad, piensa en tí.- Aquí están. - Señaló con la mano.Había, quizá, una veintena de cuadros. Estaban pintados al oleo en su mayoría. Paisajes naturales y también urbanos. Comencé a ojearlos.- Si quieres puedo hacer unos personal para ti.- ¿Lo harías?.- Dije, sorprendido.- ¡Claro que si!. Me encanta pintar.- Estaría encantado de tenerlo.- Pues pásate dentro de una semana o así y ya lo tendré. - ¿Una semana?. Ainhoa habría vuelto ya. Alarma.- Oh, yo es que no vivo aquí. Solo vengo de vez en cuando. Mejor ya me paso un día cuando pueda.- Ven cuando quieras entonces.- Descuida, lo haré. - Sonreí.Volvimos al salón y vaciamos las copas en nuestros estómagos. Me fijé en su escote, era espléndido. Después volví a mi habitación y seguí pensando en ella, y en mí, y en mi suciedad.-------------------------------------Imagen por trinket. Trinket, the Door I.

Treinta y siete

Los días siguientes hasta la vuelta de Ainhoa, apenas salí del piso. Tomé la decisión de evitar todo contacto con Ana. Eso eliminaría malos pensamientos o al menos esa era mi intención.Pasé las horas remidiéndome y autocastigándome, llegué a despreciarme hasta lo mas profundo.Odiaba mirarme al espejo y me asqueaba mi propia persona. Pasé el último día sin apenas dirigirme la palabra, me esquivaba.Supuse que como si se tratara de una forma para autoperdonarme (¿acaso había hecho algo malo?), me entraron unas ganas terribles de sorprender a Ainhoa en su vuelta. Comencé a pensar en que preparar... una buena cena no podía faltar, eso estaba claro. ¿Quizá ir después al cine?. No, eso podríamos hacerlo cualquier semana. Ademas ella llegara cansada. ¿Que le apetecerá?No paraban de venirme ideas, las deseché todas hasta quedarme con la definitiva. Un baño de espuma, con la habitación perfumada de rosas y música de fondo. La cena a la luz de las velas en el balcón.Como si de un niño pequeño se tratara, puse mi máximo empeño en que todo fuera perfecto. Podía ser mi oportunidad de limpiarme.Salí a comprar las rosas y las bolas de espuma. También pase por la pescadería y la frutería.Llegué al piso y me metí en la cocina durante horas. Todo debía ser perfecto. No salí hasta tenerlo acabado. Un buen rape cocinado con distintas frutas para darle algo de sabor extra. Una vez hecho, lo metí en el horno para que no perdiera calor. Dispuse las rosas y los pétalos alrededor de la cama y por el resto de la habitación. También puse en el baño. Me duché y preparé el lavabo para cuando volviera. Una vez vestido, me senté en el sofá y encendí la televisión.Había comenzado la función.Faltaba una hora para que llegase. A medida que pasaba el tiempo, me inquietaba mas y mas por la reacción que tendría ella. Ademas, ¿debería contarle lo de Ana?. Tampoco había pasado nada, no había razón para darle importancia. ¿O si?. Si tampoco era nada malo, ¿porque me comportaba así?. ¿Porque escondérselo?. Me carcomía el cerebro a base de preguntas, hasta acabar destrozado y muy confuso.Escuché la puerta como se abría y salí corriendo en su busca.Al verla, me abalancé sobre ella y la abracé.- Yo también me alegro de verte. - Dijo sonriendo. Nos besamos. - Ayúdame con la maleta anda.- Si, si.- ¿Que tal ha ido sin mi?.- Bien, nada nuevo. Algo aburrido. - Decidí no contárselo. Un ejemplo de cobardía, ese era yo. - Has cogido un buen moreno.- Algo tenia que coger después de tanta playa.Después de una breve charla acerca del avión y el viaje, la guié hasta el lavabo y deslicé la puerta hasta entrever lo que había dentro.- Espero que te guste.- Oh, justo lo que necesitaba. - Su cara mostró una gran sorpresa. Lo había conseguido.- Me lo imaginaba. - Sonreí. - Y aun hay mas sorpresas.- Eres todo un cielo. Pero primero, déjame disfrutar de mi baño.- Todo tuyo. - Me alejé hacia la puerta.- ¿No entras conmigo?. - Dijo Ainhoa, extrañada al verme salir.- Me acabo de duchar, da igual. Para ti sola.- Necesitaba algo mas que jabón para poder limpiarme.- Como quieras.Cerré la puerta.Me volví a sentar en el sofá. Analizándolo todo. Al contrario de lo esperado, no me sentía nada bien. Le había mentido y eso cargaba en mi espalda con el mayor de los pesos.Fui a la cocina y descorché una botella.Me serví una copa, aun quedaba noche.-------------------------------------Imagen por maxyme. Bathroom.

Cuarenta y uno

Llegamos a la calle, comenzaba a oscurecer. Los niños del parque, poco a poco, iban desapareciendo. Caminamos un par de calles hasta llegar a una carretera principal.Sacó un cigarro y comenzó a fumar. Desde casa de Ana no había vuelto a hablar. Él no solía fumar y eso me hizo extrañarme de toda aquella situación. Algo no iba a bien.Saqué el móvil y la imagen de Ainhoa me vino de repente. Brillante como una estrella fugaz.Pensé si habría leído mi nota, me arrepentí de no haberme mostrado mas cariñoso. A pesar de todo, no había motivos para ser mala persona con ella.Nos paramos y se giró hacia mí.- ¿Donde vamos? - Pregunté.- Ya lo veras. De momento siéntate allí hasta que venga un taxi.Se mostraba muy enigmático. Jamas lo había visto así. A pesar de todo confiaba en él y sabia que no me iba a meter en ningún problema. O eso creía en aquel momento. Hice lo que me dijo y me apoye en un pequeño borde que sobresalía de la pared.- Voy a comprar tabaco. No te muevas de aquí. - Dijo Frank y se alejó hacia un estanco que había en la esquina.Miré la hora. Mi estomago comenzaba a estar hambriento. Vi como se acercaba y de repente se paró y cogió el móvil. Estuvo hablando alrededor de diez minutos, se mostraba nervioso e incluso a veces llego a gritar en medio de la calle. La gente que pasaba a su alrededor intentaba esquivarlo y cambiar de acera.Volvió, con un aspecto mucho mas tranquilo.- ¿Todo bien? - Le dije.- Claro. ¿Porque no iba a estarlo?. - Me dio un pequeño golpe en el hombro. No podía creer que aquel tipo tranquilo fuera el mismo de antes. No le di mas importancia al asunto.- Tengo hambre.- Sí, yo también. - Dijo Frank. - Vamos a comprar algo de comer.Vimos un taxi y lo paramos. Bajamos por la avenida principal, giramos a la izquierda y bordeamos el paseo marítimo. Le pedimos que nos dejara en el puerto. Frank se hizo cargo de la factura.El sol se escondía en el horizonte y dejaba tras de si una pequeña esfera roja y algunas ondas anaranjadas.Entramos en un servicio de comida rápida y compramos unas hamburguesas y unas patatas. Comimos en la calle, sentados en un banco, observando como desaparecía por completo el sol.Cuando acabamos fuimos en buscar de algún bar donde pasar las primeras horas de la noche.Llegamos a un local donde la bebida era bastante barata. Aun estaba vacío, faltaban un par de horas para que todo se inundara de grupos de jóvenes. Sonaba pop moderno. Bebimos un par de copas y salimos en busca de otro. Encontramos uno algo mas apartado de la zona de moda pero era perfecto. Tenía unos sillones semicirculares donde podías sentarte y las camareras venían a tomarte nota.Pedimos. Mientras esperábamos, me fijé en la gente que había. Un par de borrachos apestosos en la barra. Un grupo de jóvenes jugando al futbolin enfrente del televisor y 2 chicas sentadas en una mesa contigua a la nuestra.Frank pidió que les sirvieran una copa de su parte a las chicas. Así lo hizo la camarera. Frank les sonrió.Se acercaron y vinieron a nuestra mesa. Nos presentamos. La comunicación no fue muy fluida, ellas no entendían nuestro idioma y nosotros tampoco el suyo. Frank parecía entender algo mas que yo. Según me contó después, nos dieron las gracias y poco mas. Volvieron a su mesa.Por fin vino nuestra bebida.- Cuéntame chico, ¿que tal van las cosas? - Dijo Frank, después de dar el primer sorbo a su copa.- Bien y creo que dentro de un rato estaré mejor. - Solté una sonora carcajada.- Que tal con tu chica. ¿Ainhoa? - Dijo, dubitativo.- Podrían ir mejor las cosas. - Bebí un largo sorbo. - Que le jodan. No la necesito.- No digas gilipolleces. ¿Que te ha hecho?.- Nada.- ¿Entonces? Al principio no parabas de hablarme de lo estupenda que era.- Ya, pero han cambiado las cosas. Ya no me importa. - Hice un ademan de dejar del tema.- Como quieras.Seguimos bebiendo y bebiendo. Pasaron las horas y los vasos se vaciaron. Frank se mostró muy alegre y desde que dejamos el tema de Ainhoa yo me encontraba mas cómodo.- Voy al lavabo. - Dijo Frank.Se levantó y se fue.Vino al cabo de 5 minutos. En ese intervalo aproveché para pedir una ronda mas.- Invito yo. - Dije.- Eso esta bien. Bueno, tenemos que hablar. - Volvió a su semblante serio. Me recolché sobre el sofá agarrando el vaso con fuerza.- Nos conocemos desde hace unas semanas y creo que eres la única persona en la que puedo confiar ahora mismo. - Siguió. - Estoy metido en algo gordo tío. En algo muy gordo.- ¿Algo en lo que yo también estoy metido?.- No, no. Ahora mismo no puedo contarte mas. Solo quiero saber que llegado el momento podré contar contigo. - Me miró fijamente a los ojos.No sabía que decir. Supe que me traería problemas en cuanto lo vi aparecer por la puerta en el piso de Ana. No me había equivocado, Frank tramaba algo. ¿Drogas?... no tenia ni idea. Estaba muerto de miedo. Por mas que lo pensaba no conseguía sacar nada en claro. Es como si te dieras cuenta que todas las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida hubieran sido erróneas y aun así no tuvieras la suficiente fuerza de voluntad como para cambiar. Un títere que apenas se sostiene en pie. Ese era yo.Por mas que miraba atrás, no veía nada bueno en la vida que había llevado hasta ahora. En tantos años que llevo despertándome cada día no he sido capaz de conseguir nada. Tirados a la basura por completo. Miraba al resto de personas y veía gente que en mayor o menor medida habían conseguido establecerse en la vida.Yo ni eso.A mi parecer, todo se había ido jodiendo desde que nací. Era una gran espiral de autodestrucción. Solo deseé que Ainhoa me perdonara algún día.Y a pesar de todo, no pude decirle que no.Seguimos bebiendo.-------------------------------------Imagen por nnichde. Frankfurt Sundown.

Friday, June 1, 2007

Veintiocho

La silla se me clavaba en el trasero. Estaba hecha de plástico y tenía varias irregularidades en su forma que hacían que me doliera todo el cuerpo. Pero no podía moverme, debía permanecer allí.- ¿Quieres que te traiga un café? - Me preguntó Stev.- No, gracias.Se levantó y se fue.Habían pasados dos semanas desde que volví del viaje con Ainhoa cuando recibí una llamada por teléfono. Era Stev, Marc se encontraba grave y lo habían llevado a urgencias. En ese momento estaba con Ainhoa en mi piso; bajamos y cogimos el primer taxi que vimos. Ella comprendió que debía ir solo, así que se apeó en su bloque de pisos y yo seguí hacia el hospital. En aquel momento no tuve tiempo de reaccionar, ni siquiera de pensar con tiempo que debía hacer, ni de reflexionar acerca de ello. Me movía por impulsos. Le pedí al taxista que fuera lo mas rápido que pudiese. Al llegar le di un par de billetes y salí corriendo hacia la recepción.De camino a ella me encontré a Noelia sentada, la hermana de Marc. La acompañaba abrazada, Sara, una antigua compañera de instituto y amiga de Marc. Noelia lloraba desconsoladamente en el regazo de Sara. Me acerqué a ellas y puse mi mano en el hombro de Noelia. Levantó la vista y me reconoció.- Dime porque, porque él. - Consiguió decir, a pesar de las lágrimas. A continuación bajó la cabeza y se apoyó de nuevo en Sara.Sara me indicó en que planta estaba Marc. Le di las gracias.Cogí el ascensor y subí a la tercera planta, nada mas llegar reconocí a la mayoría de personas. Familiares y amigos de Marc. Ahí fue cuando me di cuenta, que a pesar de todo, yo era algo para él, tanto como lo era él para mí. Yo estaba allí, como ellos. También comprendí que su falta marcaría sin duda dentro de mí. Quizá no tuviéramos la relación mas activa que existe, pero habíamos estado juntos desde que tengo memoria. Con mayor o menor frecuencia, siempre estuvo allí. Siempre podía girar la cabeza y saber que Marc estaría allí. Con las gafas de sol y rodeado de chicas, sonriendo. Me inundé de tristeza sin poder evitarlo. Que cojones, no quería evitarlo.Llegué a Stev, se encontraba apoyado en la pared, cerca de la habitación de Marc. No mostraba buena cara. Me extrañó verlo allí, después de todo lo apartado que había estado de nosotros estos últimos años.- ¿Que tal esta? - Pregunté.- Grave tío, grave. - Cada palabra era un pequeño puñal en mi pecho.- Mierda. Pero, ¿Que ha pasado?.- Estaba cenando con Fred y unos amigos, al salir comenzó a vomitar y se desmayó.- ¿Que tal esta Fred?.- Destrozado, allí esta. - Señaló a un grupo, pude distinguir entre todos ellos a Fred. Sentado, con la cabeza agachada y diciendo algo a la madre de Marc entre susurros, que estaba sentada al lado. Se consolaban mutuamente supuse.- ¿Se puede entrar? Quiero entrar. No puedo dejar que se vaya sin despedirme.- No se tío, no se. Esta grave. ¿Entiendes?. Grave. Quizá mientras hablamos ya se haya ido. Esfumado, sin mas. Todo es una puta mierda. ¿No lo entiendes?. Una puta mierda. Quien es el cabrón que dicta las normas. ¿Dime quien? ¿Tu lo sabes?. Esta grave, muy grave. - Agachó la cabeza, apoyándose en mi hombro. Escuché como sollozaba.Las luces del hospital penetraban en mi cuerpo, quemándome la piel. Eran tan blancas, tan puras, y ese ambiente... ese olor. Era insoportable.- Tengo que entrar - Dije, decidido.Antes de entrar en la habitación, salude al padre de Marc. Se mantenía recto, al lado de la puerta. Mantenía la compostura, impasible. Su hijo se estaba muriendo y el era capaz de saludarme como si nos hubiéramos encontrado en la playa un día de verano. No quería imaginarme lo mal que lo estaría pasando por dentro. Entré.La habitación estaba a oscuras, salvo las luces que emitían todas las máquinas que le habían enchufado. Estaba conectado por todas partes mediante tubos y cables. No era él, no podía ser él. Por mas que le miraba a la cara, no conseguía reconocerlo. Era como si su rostro hubiera cambiado, como si algo dentro de él ya no estuviera. Parecía un muñeco de plástico. Me agaché ante la cama y lo cogí de la mano. Todo era tan confuso, no podía hacer mas que llorar, como un bebe.No quería que se fuera, ¿quien estaría allí cuando me girara?. El ya no estaría. Yo no podría girarme nunca mas. Me di cuenta de lo egoísta que estaba siendo. No se trataba de mí, de mi dolor y de mi falta. Se trataba de él, se trataba de Marc, el chico joven que apenas había comenzado a vivir. Mi fiel compañero de vida. Apoyé mi cabeza en su mano, mis lágrimas recorrieron su cuerpo, cayendo finalmente en el suelo.Sentí unas ganas irrefrenables de hacer algo, de parar todo aquello. Estaba desesperado, quería gritar de rabia. Quería que se encendieran las luces, Marc se levantara y me dijera que había sido una broma. Lo deseaba con todo mi corazón, salir y ver todo el mundo riéndose. Hubiera dado mi vida por ello. Porque aquello no pasara.Aun no comprendía que ya no podía hacer nada. ¿A caso se puede llegar a comprender eso? ¿Alguien puede entender que la voluntad de una persona, de decenas de ellas, de centenares tal vez, no sirva para nada?. ¿Que importan nuestros sueños e ilusiones entonces?.Salí de la habitación y me senté en un banco. Mucha gente rezaba, se atenían a su fe para pasar aquel momento. Yo no tenia a quien rezar, no tenía en que apoyarme. Yo era una barco que naufragaba y nadie podía remediarlo. Entonces me acordé de las palabras de Ainhoa.-------------------------------------Imagen por sheisviolence. Hospital.

Veintitres

El viaje duró cerca de dos horas. Los primeros minutos, seguimos bajo tierra, hasta conseguir salir por uno de esos agujeros que pueblan nuestras ciudades, saliendo de sus entrañas. Después de salir del escondite, seguimos durante aproximadamente media hora o un poco mas, recorriendo kilómetros entre edificios, paseando por ciudades mas o menos industrializadas, al fin y al cabo, no conseguías quitarte esa sensación de que seguías estando en el mismo sitio. Tenía la horrible sensación de seguir estando intoxicado por esos humos de las chimeneas, ese humo gris que me encharcaba los pulmones.Pero, al fin, llegó. Vimos prados inmensos, pequeñas casas de piedra en lo alto de montañas, grandes extensiones de plantaciones y huertos. También vimos muchos árboles, y no árboles sembrados entre cemento, ¡sino bosques!. Bosques enteros, perennes y muy verdes. Daba gusto mirar por el cristal del tren. El sol ya había salido, y sus rayos conseguían iluminar toda aquella vegetación, donde un pequeño rocío comenzaba a aparecer, como lágrimas tristes, como si sollozaran ante un nuevo día. Supuse que si lo hicieran, sería de felicidad, ante tal paraje que les rodeaba. Almorzamos dentro del tren, un par de bocadillos que había preparado Ainhoa por la mañana, cuando yo estaba en la cama aun.A medida que nos alejábamos de la gran urbe, de la civilización y su contaminación, y de todos esos simios estúpidos, la temperatura descendía a un ritmo trepidante, apenas podía apoyarme en el cristal, si no quería congelarme. Maldita sea, y yo no había traído mas que una chaqueta.El tren avanzaba entre todos aquellos prodigios de flora y fauna, veloz, como si fuera un tronco que cae por una ladera.Pasamos por varias estaciones, no había mucho movimiento de gente, en algunas ni siquiera bajaba o subía nadie. Estaciones fantasmas, seguramente proyectos electorales para ganar votantes.El trayecto siguió así, con nosotros dos divisando todo aquello que el cristal nos quisiera mostrar, como si fuera una pequeña televisión, como niños pequeños, se podía ver la fantasía en nuestro ojos a cada nuevo objeto que descubríamos, por pequeño e insignificante que fuera. Con la ilusión de aquel que ve por primera vez el mar y queda maravillado ante su magnificencia. Pero todo acaba, así que tras un tiempo, llegamos a nuestro destino.Era la estación mas grande de todas las que habíamos visto desde que salimos de la ciudad y toda su telaraña, había 3 o 4 vías, todas al aire libre y una pequeña casa a un lado, donde estaba la estación. En el otro lado había la montaña, que se alzaba sobre nosotros, impasible, demostrando en cierta manera quien mandaba allí, infundiendo respeto. El suelo estaba mojado, pero ya no llovía, lucia un espléndido azul encima de nuestras cabezas. Salí del tren y levanté la mirada, girando sobre mi mismo para observar todo lo que me rodeaba. Un pueblo pequeño construido en las laderas de una montaña, un río de agua cristalina , que bajaba colándose por cualquiera resquicio que encontrara hasta el mar, y un frío que se me calaba en los huesos. Cogimos la maleta y salimos de la estación, llegamos a una calle, la principal, la única por donde circulaban automóviles. Cruzaba todo el pueblo de extremo a extremo.- Tiene buena pinta. - Le dije a Ainhoa. Ella asintió con la cabeza, sonriente.Seguimos caminando, cogidos de la mano, por la acera. Ella llevaba la maleta esta vez. Paramos ante un pequeño cartel donde mostraba el mapa del pueblo y los diferentes sitios de interés. Localizamos nuestro hotel, estaba en el otro extremo, en ese momento parecía lejos, pero después descubriríamos que recorrer de extremo a extremo eran apenas 10 minutos andando.Antes de seguir con el camino hacia nuestra reserva, decidimos parar a almorzar algo mas. A parte del pequeño bocadillo del tren, no habíamos comido nada mas, y nuestros estómagos comenzaban a dar signos de que necesitaban alimento. Decidimos estacionarnos en una pequeña cafetería cercana, estaba adornada con formas geométricas (círculos, cuadrados, triangulos...) de colores vivos, había unas cuantas mesas y una barra. Fuimos a la barra y pedimos un donut y pequeño bocata, también una botella de agua. Almorzamos allí mismo, en la barra, apoyados en ella, hinchando nuestros pulmones con ese aire puro que rodeaba todo aquello. Daba gusto respirar. Incluso con los ojos podías notar la atmósfera, totalmente diferente a la que estábamos acostumbrados, como si toda aquella suciedad, aquella porquería y putrefacción que rodeaba cualquiera cosa que estuviera en la ciudad se pudiera ver. Aquí, todo era mas claro, todo estaba purificado.Pagamos y salimos, siguiendo por el mismo camino, dirección al hotel.- ¿Quieres que lleve yo la maleta?- No, da igual. No pesa mucho. - Contestó ella.Llegamos a la recepción del hotel, era pequeña. Había un mostrador con un cristal, y detrás dos personas atendiendo. Justo al lado un ascensor y una escalera. Había un estante con papeles de información turística y varias pegatinas alrededor, dimos nuestro nombre al recepcionista y nos dio la tarjeta. También nos dio indicaciones de como llegar a la habitación, resulta que estaba en otro edificio, contiguo al que nos encontrábamos. Según ellos, no tenía pérdida.Cogimos el ascensor hasta la segunda planta, después hacia la izquierda, un pasillo largo, otra vez giramos a la izquierda, después cruzar una puerta y ya estábamos en el otro edificio. Cogimos otro ascensor y subimos una planta, salimos y hacia la izquierda, otro pasillo y al fin nuestra puerta. Estaba inscrito en la puerta el numero 201, en color dorado. La puerta se abría pasando la tarjeta por una pequeña ranura, la pasamos y dio luz verde. Adelante.La habitación era mas grande que la mía, casi como mi comedor, nos habían puesto camas separadas. Ademas había dos mesitas, un armario, un televisor y una pequeña mesa-recibidor. También teníamos lavabo propio con bañera, aunque no había tapón, así que tendríamos que usarla de ducha.- Ayúdame a juntar las camas. - Me dijo Ainhoa.- Vale, tu empuja por allí y yo por la otra parte. - Conseguimos moverlas sin gran dificultad.- No esta nada mal la habitación. - Se estiró en la cama.- Estaría mejor con una cama de matrimonio. - Me estiré junto a ella.- Hay calefacción y todo.- Mas les vale encenderla, estoy muerto de frío.- Mira que eres cabezota, haberte traído un abrigo. - Se rió.- Que mas da.Localicé el mando en la mesita de noche y encendí la tele, no se veían muy bien los canales, pero logramos sintonizar algunos. Era extraño, como nada mas llegar, lo primero que haciamos era buscar aquello que nos ligaba a nuestro origen, cuando en teoría, veniamos a olvidarnos de todo aquello.- ¿Que quieres que hagamos?- Me apetece darme una ducha. - No me duchaba desde la mañana del dia anterior, me notaba sucio.- Vale, dúchate y yo mientras desharé las maletas.Me quité la ropa, me congelé instantáneamente, hacia un frío acojonante. Entré en el lavabo y puse el agua bien caliente. Me miré en el espejo, mientras el agua comenzaba a coger temperatura. Mi cara comenzó a desaparecer, primero las facciones, después mi cuello, un vaho teñía el espejo poco a poco y convertía mi rostro en una sombra irreconocible, apenas podía ver ya mis ojos y mi nariz. Y en nada, quizá unos segundos, desaparecí por completo.Ya no estaba allí.-------------------------------------Imagen por Helewidis. Interpretative mirror.